¿?


No escribir, para no hacerlo real.
No nombrar, con el fin de no escuchar.
Dejar a un lado la pluma,
el teclado, la memoria, el pensar.

Y, a pesar de todo, inspirar.
Porque inspirando el aire parece
arrasar con las letras;
agolpadas en tráquea, bronquios y pulmones.
Porque exhalar un signo de interrogación
deja la pregunta incompleta;
aquella que no quieres hacer,
esa que no deja de empujar.

Luciérnaga

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