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Declaración de intenciones

“¡Yo soy yo y punto!” Una respuesta que no aceptaría en ninguno de mis exámenes, pero es una de las máximas que últimamente me repito como grito de guerra o de ánimo, o incluso de autoconvencimiento - ¡qué sé yo! El caso es que a lo largo de esta tortuosa adolescencia que me persigue – nunca dejaré de ser una adolescente, máxime conviviendo cada día con ellos- siempre he querido cambiar algo de mí misma, tan solo por el hecho de haber pensado que con ese cambio sería adecuada. ¿Adecuada? Sí, idónea para alguien: el chico que me gustaba, la profe de matemáticas, mi padrino, las novias de mis amigos, mi tía, mis amigas… A veces me planteaba cambiar por completo mi forma de vestir o de peinar, es decir, colocarme un poco los rizos; otras veces, maquinaba cambios mucho más radicales: ideología, gustos literarios, formas de expresarme… Las veces que ahora más miedo me dan son aquellas en las que quise ser otra persona. Esas ocasiones en las que deseaba llamarme de otro modo - ¡Carmen, ...

Me flipas

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¿Me das una pausa? ¿Quieres un respiro? No me beses, no me toques; No respondo de mí mismo. Me miras, te hablo, te guío; Todo va tan rápido… Dos pronombres: “tú” y “me”; Un verbo, casi romántico: “flipas”. El morbo, las prisas, las ganas. Yo húmeda, tú en ascuas. Me lío, te lías Y se acaba liando. Y una noche por otra, ¡joder, una noche tras otra!, Acabamos follando. Luciérnaga

Recuerdos en flor

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A la entrada de casa tengo una hilera de naranjos que, tras las incesantes y cansinas lluvias, están en flor. Da igual la hora del día en la que salgas a la puerta porque todo está impregnado de ese olor tan característico, tan nuestro; quizás, también tan mío. Me crié corriendo y gritando en una plazoleta repleta de naranjos en flor. Una plaza que cambia el aroma a azahar por el de nardos en verano. De modo que, degustar ambas fragancias me lleva a revivir infinidad de recuerdos. Entre los naranjos de mi calle hay estratégicos bancos. En cada ciudad en la que he vivido, he encontrado un lugar así; aunque es la primera vez que lo tengo tan cerca de mi casa, de mi sofá. Así que he optado por usar el banco en lugar del sofá en alguna ocasión: para leer, hablar por teléfono, estirar después de correr… Tengo la convicción de que los lugares poseen memoria. Igual no es que recuerden nada, sería absurdo pensar eso; sin embargo, nuestra jodida cabeza asocia y nos juega malas pasadas. Preci...

Respiro

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Planteando una tesis realista quizás me pierda, se ve que no estoy fina. Y es que quiero verte, encontrarte muchas veces sin siquiera buscarte. Me llamas, te escucho, me río, casi me enamoras; me pierdo y te pierdo; te busco y te ignoro. Te pienso y te olvido; me olvido y me contradigo. ¿Me escuchas, me sientes? ¿Qué has hecho? ¿Por qué me pierdes? Vuelvo al realismo, me paro y me mimo. No te espero, respiro. Luciérnaga

Limerencia

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Limerencia equívoca, traicionera, absurda. Limerencia fatal, inhóspita y fría. Atracción absurda que te nubla, que al filo del dintel de una puerta te mantiene, a la espera de una señal inequívoca. A la desesperada de un clic en el teclado: ¡en tu maldito teclado! Limerencia, herencia que lima encuentros casuales; encuentros verbales, versales y besables.

Café hirviendo

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Suena un nuevo aviso de llegada en la estación y yo continúo revisando mi correo en el teléfono. Me han pillado por sorpresa tres emails. Sí, hay correos que esperas recibir; como todos los de Desigual ofreciéndote camisetas en el “outlet” o la publicidad de Woman Secret, recordándome que la lencería me gusta; estos tres han sido todo un acontecimiento. - ¿Desea algo más, señorita? No respondo y el camarero se va. Qué maleducada puedo resultar a veces. Pero es que este camarero no sabe que acabo de recibir tres emails, de la misma persona, que hacen que llegue a abstraerme de todo. Bebo un sorbo de mi café… ¡Mierda! Le dije que me pusiera leche fría. Me entran ganas de gritarle al camarero, desconocedor de mis emails, que sí que quiero algo más: ¡mi maldito café con leche fría! Pero de pronto vuelve a sonar mi teléfono: un sms. “Es la primera vez que me dicen que tengo una letra horrorosa”. Sonrío. No es la primera vez, estoy segura. Podría ser la primera vez que alguien le dijera q...

Todo eso

Miércoles, uno más. Uno de ya no sé cuántos porque la memoria no me alcanza a contarlos. Aún siendo el taitantos de muchos, hoy amanezco con ese pellizco, con esa sensación de estar haciendo lo que debo. Y es que, no son pocas las veces en las que en este mundo cofrade piensas que tirar la toalla o alejarte un poco es lo más adecuado. “Los cofrades son así”, dicen; y lo cierto es que es una pena que muchas veces, por no decir la mayoría, resplandezcan más las candelerias y los pasos que la primigenia idea de Hermandad. Una Hermandad, sin necesariamente contar con ochocientos hermanos, en la que en la ausencia de algunos, que ven cada Miércoles desde un palco platea a nuestros titulares, se sigue adelante. Una Hermandad, en la que las madres siguen el ejemplo de humildad y sencillez de nuestra Madre Bendita del cielo. Una Hermandad, en la que hacer una papeleta de sitio implica mucho más porque sabes que ese sitio está aunque no esté y reza contigo cada Miércoles, no solo Santo, sino t...